“LA GRAN MENTIRA” de Michelle Hancock.
SINOPSIS: El vagabundo Guy Daniels se despierta en el hospital tras un aparente intento de suicidio. En dos años, ha pasado de ser un brillante especialista en lenguas muertas a un alcohólico sin motivos para vivir. La apatía del joven tiene su fuente en un manuscrito hebreo que tradujo para Pía Cecilio, una rica heredera numeraria del Opus Dei. ¿Qué pudo encontrar Daniels en esos pergaminos para provocar su pérdida de fe? Pía lo desconoce, pero está dispuesta a averiguarlo, y por eso ha puesto todos los medios a su alcance para encontrarlo. Y es que lo que trata de esconder el lingüista son las palabras perdidas de Jesús, unas revelaciones tan inesperadas que podrían poner el mundo, literalmente, del revés.
RESEÑA Nro. 1
Advertencia: este no
es un libro de romance.
Es casi deducible que todo escrito, sea ficción o no, que signifique un reto a los principios o a las creencias religiosas, resulte controversial. Lo fue en su año la publicación de “El Código Da Vinci” de Dan Brown y ― cediendo espacio a ser corregida, puesto que no soy experta en el tema―, creo que fue la obra responsable del surgimiento de los “thrillers religiosos”, mismos que al casi tener como eje el cuestionamiento hacia la Iglesia católica, llegaron, en cierto punto, a resultarme repetitivos, razón por la cual prefería pasarlos por alto.
En este caso, como es lo usual en
mí, leer la sinopsis no generó en mí mayor expectativa. Desde el momento en que
leí: “manuscrito hebreo” y “pérdida de fe”, sumado al slogan en la
parte inferior de la portada: “Una vez
más el mundo ha sido víctima de los engaños del diablo”, me hice una idea
de lo que podría encontrar: Un thriller religioso donde por azares del destino,
los protagonistas dan con una verdad oculta por más de dos mil años, por la que
tendrán que luchar para revelarla al mundo ingenuo.
Sin embargo, en “La Gran Mentira”, aunque salen a relucir algunos aspectos comunes a este tipo de libros, también se halla una historia diferente. No hay una aventura en la que los protagonistas tengan que enfrentarse a fuerzas contrarias, como la policía o monjes fanáticos dispuestos a todo por preservar el statu quo, ni tampoco enfrentarse a fuerzas demoníacas o sobrenaturales. Por el contrario, sus protagonistas encuentran un adversario muchísimo peor: Ellos mismos.
Cada escena en este libro, que salta en el tiempo desde la obtención del manuscrito, hasta su llegada a manos de Pía Cecilio, posteriormente a las de Guy Daniels y mostrándonos entretanto pasajes del contenido del manuscrito hebreo, está perfectamente armada para llevarnos a un clímax que, aunque en cierto punto se hace un tanto predecible, no deja de impactar. Cada personaje tiene sus propios conflictos y luchas de conciencia, creencias arraigadas que, de pronto, se ven revueltos y puestos en tela de juicio al tener la importante tarea de decidir qué hacer con “la verdad” que llegan a conocer; no obstante, es precisamente esa “Lucha de conciencia” lo que me ha gustado de esta lectura.
En un principio, puedes simpatizar con los personajes, luego juzgarlos y decidir si estás de acuerdo con su manera de pensar o no (dependiendo de qué tan arraigado sea tu pensamiento sobre una creencia religiosa que ha perdurado a través de los siglos); pero al siguiente, te hallarás inmersa o inmerso de tal manera en la trama, que, sin darte cuenta, los cuestionamientos que ellos se hacen, de pronto se encontrarán en tu propia mente.
¿Qué es el mal y de dónde viene?, ¿Quién es el bueno y quién es el malo en la historia de la fe y del hombre?, ¿Está bien creer por creer?, ¿Es del todo malo quien no cree como se le enseñó que debía creer?, ¿Es del todo bueno quien sí lo hace?, ¿Puede uno ser más feliz que el otro? ¿Cuál es el camino hacia la salvación? Todas estas son preguntas que, parafraseando un poco al texto, resultan un quebradero de cabeza y que, a lo largo de los siglos, han sido parte de un debate inagotable, causante de cismas, doctrinas que se contraponen y, por último, escepticismo.
“La Gran Mentira” no da respuesta a ninguna de ellas como si se tratase de una verdad absoluta; pero invita a la reflexión y nos trae planteamientos diversos que, independientemente de que se trate de una novela de ficción, alguna vez nos hemos hecho en la vida o que quizá deberíamos hacernos. Definitivamente, no te dejará indiferente.
«Credo quia absurdum»
«Lo creo porque es absurdo»
Bajo mi apreciación, le doy 🌟🌟🌟🌟
Reseña hecha por: Paola Alarsil.

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